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"Hasta ahora, las nuevas tecnologías son objetos decorativos del aula" | Educación a Debate

México necesita formar docentes que sean aptos para la incorporación de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, y evitar que éstas sean instrumentos decorativos, así lo aseguró Rosario Izaguirre y Jesús Bernardo Mirandes, investigadores de la Universidad de de Sinaloa y de la Universidad del Valle de México, campus Hermosillo, respectivamente.

Este recurso fué publicado originalmente en la comunidad La otra escuela: innovación educativa.

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Geteilt am 3.2.2013 von Kilian CD

 

Hoy la educación está cobrando cada vez mayor importancia dentro de su espacio de trabajo en el MIT: se especializa en analizar cómo pueden emplearse los videojuegos en el ámbito educativo. Para Henry Jenkins la palabra convergencia puede describir cambios tecnológicos, industriales, culturales y sociales según quiénes hablen y de aquello de lo que crean estar refiriéndose.

 
 

Este recurso fué publicado originalmente en la comunidad La otra escuela: innovación educativa.

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Geteilt am 21.1.2013 von Kilian CD

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Kim Jin-Sook: "La tecnología en las aulas mejora el rendimiento" | El Diario Vasco

Kim Jin-Sook es la responsable del Servicio Coreano de Información para la Educación y la Investigación, dependiente del gobierno, y desgranó el estado en el que se hallan sus proyectos. Su objetivo es que en 2015 se hayan implantado de forma masiva las nuevas tecnologías en el sistema educativo del país asiático, pero de sus palabras se deduce que no les queda mucho.

Este recurso fué publicado originalmente en la comunidad La otra escuela: innovación educativa.

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Geteilt am 20.1.2013 von Kilian CD

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El nuevo desafío de educar a la generación del click | El Día

Especialistas y docentes subrayan más que nunca el rol del maestro para afrontar el uso de las nuevas tecnologías a la hora de enseñar.

Este recurso fué publicado originalmente en la comunidad La otra escuela: innovación educativa.

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Geteilt am 2.12.2012 von Kilian CD

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En el orden internacional que hoy rige al mundo las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTIC) descuellan como el principal instrumento del desarrollo y la globalización. No hay rincón del planeta que pueda escapar de ese contexto: país sin tecnologías informacionales, país con mayores posibilidades de estancamiento económico y social.

En su enorme complejidad, las NTIC son recursos esencialmente contradictorios pero integradores. Conformadoras de lo que se ha dado en llamar “Sociedad de la Información”, estas herramientas y técnicas son enaltecidas por sus defensores como instrumentos definitivos y únicos para el desarrollo humano; opinión muy contraria a la de sus detractores, quienes las condenan como herramientas de control y principales causantes de la sistematización compleja y globalizada del capitalismo postindustrial.

Como ocurrió a principios del siglo XIX con la máquina y su principal consecuencia (el industrialismo), la acelerada implantación de las NTIC en todos los procesos económicos y sociales del siglo XX despertó y sigue atizando en muchos una reacción cuasi ludita que previene contra ellas acusándolas de provocar paros laborales, de la expansión de las depredadoras transnacionales y del fortalecimiento del —hasta ahora— gran policía del mundo (los Estados Unidos de Norteamérica) y sus aliados. Con las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación —subrayan quienes las defenestran— no sólo se magnifica el poder de un sistema económico expoliativo y excluyente, sino que también se sientan las bases para el advenimiento de aquel pesadillesco Big Brother anunciado por Georges Orwell en su novela 1984

En el extremo opuesto se ubican los apóstoles de las NTIC, que las consideran como la nueva panacea del estadio más avanzado de evolución humana. En un arrebato de embriaguez tecnocrática dicen que las computadoras y las tecnologías que convergen con su uso constituyen la solución a la pobreza, la ignorancia y el subdesarrollo. Exigen su instauración globalizada sin pararse a considerar aspectos culturales o de diferencias educativas y de infraestructura de las colectividades donde las quieren implantar. Las NTIC son, desde su punto de vista, la panacea contra las desigualdades en el mundo, desde la escala de los individuos hasta la de las naciones y la de la Aldea Global, la comunidad internacional como unidad compleja.

No cabe duda que ambas posturas se hallan en los extremos, y que las NTIC —sin ser panacea ni trampas de Luzbel— pueden contribuir tanto al avance humano como a su destrucción. ¿Por qué no optar por abordarlas como instrumentos de avance, dependientes del enfoque y de los propósitos de su uso?

Desde esta perspectiva, por principio habrá que tener en cuenta que, como cualquier tecnología, no deben ser implantadas indiscriminadamente en una sociedad, sino asumidas en consonancia con las necesidades y las posibilidades reales de quienes integran el corpus social, en lo económico, en lo cultural, en lo educativo y en lo político. Más aún: sin retroceder en sus posibilidades técnicas, educativas y comunicacionales, deben ser adaptadas al imaginario de cada colectivo y responder a las peculiaridades sociales que le sean propias.

En medio de la pobreza no resuelta y de la ignorancia endémica —por ejemplo— la implantación de las NTIC puede ser una experiencia desastrosa que no sólo lleve a la basura importantes inversiones en tecnología, sino que también provoque rechazos irresolubles que impidan su adopción posterior. En cambio, si se da su adaptación paulatina y adecuada puede dar pie a una importante incorporación de los individuos, los colectivos y las instituciones en el desarrollo de la sociedad del conocimiento, con todas las ventajas que ello conlleva.

El meollo del asunto no es, entonces, si son el camino de Utopía o la senda hacia el Infierno. Más bien cabe preguntarse:

  • ¿Cómo adoptar las NTIC desde la propia circunstancia, marcada en los países subdesarrollados por la pobreza, el retraso democrático, la corrupción en todos los sectores sociales, la ignorancia y la carencia tecnológica?
  • ¿Cómo enfrentar una realidad expoliadora de la seguridad humana que se impone a escala planetaria (“global”, diríamos actualmente) y a la cual no podemos sustraernos, a riesgo de quedar fuera de los procesos económicos y sociales, en la propia nación y en el mundo?
  • ¿Cómo preservar, en suma, nuestra seguridad como individuos y como nación en medio de esta avalancha de “neosaberes” y “neotecnologías” que rigen el avance de la nueva economía mundial?
  • ¿Cómo salvarnos de un nuevo tipo de exclusión?

Las respuestas nos las dan las mismas NTIC. Pasada la borrachera tecnológica de finales del siglo XX y la reacción paranoica ante la resaca posterior, podemos decir que en las sociedades desfavorecidas la posesión de las NTIC puede contribuir en gran medida a su seguridad, a su desarrollo en una palabra; tanto como pudo contribuir para el mismo tipo de sociedades en otros tiempos no lejanos la posesión de la tecnología industrial.

Quizá —¿por qué no planteárnoslo así?— debamos acudir a la analogía respecto al dicho preferido de los actuales militantes de la mundialización con justicia y equidad: “Pensar global, actuar local”, lo que podríamos traducir como “insertémonos en la globalización a nuestro modo y con nuestras posibilidades, sin renunciar a lo que nos caracteriza cultural y socialmente”.

Lo que los apologetas de la implantación tecnológica desbocada quieren ocultar o minimizar —y que los impugnadores de las NTIC pasan por alto soberanamente— es que existe una vía distinta, una “tercera vía” que nos evita vender el alma al Diablo o convertirnos en profetas del retroceso. Esta vía es la socialización del conocimiento.

Como postura político-económica y como filosofía social, se define con éste y otros nombres a una redistribución equitativa de la mayor riqueza de las sociedades posindustriales (la información y sus tecnologías), que a escala internacional cuenta ya con destacadas iniciativas.

A través de dichas iniciativas —mediante la conformación de importantes redes sociales basadas en el uso de las NTIC— amplios sectores otrora excluidos de la posesión y aprovechamiento de las nuevas tecnologías pueden acceder hoy a ellas como herramientas de desarrollo autónomo y como instrumentos para impulsar la recomposición social y económica de sus comunidades y sus instituciones. Ciertamente, las experiencias en este sentido apenas empiezan pero ya rinden importantes frutos por todo el orbe.

Lo que no puede negarse es que mediante las NTIC ya es posible obtener, crear y facilitar instrumentos, métodos, herramientas, conocimientos, estrategias, planes, programas, proyectos y apoyos diversos para que tanto los individuos como las comunidades fortalezcan su grado de integración social y sus redes de intercambio social. La Wolrld Wide Web es el espacio por excelencia para demostrarlo. ¿Cómo aprovecha cada uno de nosotros tal circunstancia?


Fotografía del post: "Keyloger", por Robert van der Steeg.
Algunos derechos reservados, bajo una licencia Creative Commons.



VIDEOCOMPLEMENTO: La brecha digital



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Geteilt am 6.7.2011 von Miguel Angel Espinosa Mondragón

Los ciudadanos del siglo XXI arribamos a un nuevo milenio tras la culminación de una centuria marcada por el mayor y más veloz avance de la tecnología en toda la historia humana, así como por el ascenso de un nuevo bien de capital que se constituyó como el más fuerte e importante elemento de desarrollo en los países de economías avanzadas: la información.

La omnipresencia de este nuevo bien dio lugar a lo que se ha dado en llamar “sociedad de la información”. Es éste un concepto y calificativo de sobra impugnado y en exceso enaltecido que no puede pasarse por alto en toda reflexión sobre el fortalecimiento o el debilitamiento de los grupos sociales, constituidos como comunidades, como naciones o como sociedades.

La seguridad humana es quizá uno de los ámbitos donde más influye el buen o mal uso que se da a la tecnología. Por eso, en el contexto de cualquier consideración sobre seguridad humana el concepto de “sociedad de la información” debe ser un ítem importante para el análisis. Y es que, justamente, la mejor o peor caracterización que se dé con este calificativo a una sociedad expresa su mayor o menor desarrollo económico, político, social y cultural. No es gratuito que los países industrializados sean la punta de lanza en la instauración de esa llamada sociedad de la información; como tampoco lo es que hoy día se hayan establecido dos nuevos indicadores de análisis para la medición de las capacidades de conocimiento de una nación: la “alfabetización informática” y la “alfabetización informacional”.

En el trasfondo de toda esta concepción subyace el análisis comparativo sobre el grado de desarrollo tecnológico de las sociedades contemporáneas. En el fin del siglo XX y los albores del XXI, la informática se convirtió en la tecnología por excelencia que ha permitido el avance de las naciones desarrolladas, así como la imposición (llámese “globalización”) de su sistema económico.

La parafernalia cultural, política, educativa, social y económica que implica la aplicación de la informática en todos los órdenes de la vida planetaria ha dado lugar a la definición de lo que hoy conocemos como “Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación” (NTIC). Esto implica la convergencia entre la comunicación telefónica y satelital, el desarrollo de redes de transmisión de datos, las computadoras (ordenadores) cada vez más sofisticadas, el software automatizador de procesos, el software de uso personal, la digitalización de la información, los potentes dispositivos de almacenamiento, la informatización de la edición y la creación de redes internacionales de transmisión de datos. Un completo y complejo entramado de ciencias, disciplinas, técnicas, metodologías, modelos y paradigmas que prefiguran, además, los principios conceptuales y operativos de lo que podría ser una futura “sociedad del conocimiento”.

En este contexto es claro, pues, que si se les utiliza socialmente, las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTIC) pueden representar en su conjunto un instrumento para fortalecer la seguridad humana, tanto en el plano de los individuos como en el de las comunidades que ellos forman.

El hecho es que ya numerosas redes sociales fortalecen sus acciones mediante la utilización de estas tecnologías. Entre otras: importantes redes profesionales de la educación, redes de investigacion científica que optan por los movimientos de apertura del trabajo académico y redes de organizaciones de la sociedad civil que potencian sus acciones a través de la Internet. Sin contar con que son muchas de estas redes las que recientemente han desempeñado un papel fundamental en la presión sobre gobiernos tiránicos y grandes corporativos que intentan apropiarse de la riqueza colectiva.

He ahí algunos usos inteligentes y sociales de las tecnologías, que pueden extenderse hasta la acción social por la transformación del fundamento mismo de los actuales Estados y muchas de las instituciones públicas, cada vez más lejanas del ciudadano común.

Algunos ejemplos vivos de los frutos que cabría esperar de la adopción del enfoque socializador lo constituyen las experiencias de las administraciones autonómicas en España con el software libre, el considerable ahorro financiero de importantes universidades que utilizan plataformas abiertas para la educación a distancia y los innumerables éxitos administrativos y financieros en la gestión estatal convertida al uso de los códigos abiertos.

La conclusión es contundente: más allá de su defensa o negación, las llamadas NTIC debieran ser ampliamente difundidas desde el Estado mediante políticas públicas de desarrollo social y ser aprovechadas por principio en la educación, eje de la transformación y el desarrollo de las sociedades. Y siempre, siempre, siempre, hay que insistir en ello, con un propósito absolutamente social.



VIDEOCOMPLEMENTO
Breves reflexiones sobre el trasfondo de la globalización.



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Geteilt am 28.6.2011 von Miguel Angel Espinosa Mondragón

¿Qué es el bachiller a distancia? (Universia.net)

"El bachillerato a distancia se orienta fundamentalmente a adultos que por diferentes motivos no concluyeron sus estudios y ahora quieren retomarlos. Sin embargo, volver al instituto para cursar la modalidad presencial del bachillerato supone compartir aula con compañeros muy jóvenes entre los que algunos adultos pueden verse fuera de lugar o desplazados. Si a esto le unimos la necesidad de asistir diariamente a clase o los herméticos horarios de los centros, el bachillerato presencial puede resultar incompatible con el desarrollo normal de la vida personal y profesional de estas personas."

La página educativa universia.net ofrece este artículo sobre el bachiller a distancia para personas adultas o bien para aquellas personas que no puedan acudir a clase. Aquí se puede encontrar la forma de matrícularse, lugares, y también el uso de las nuevas tecnologías para superar el Bachillerato.

 

Para obtener más recursos educativos y materiales didácticos consulta la base de recursos de la comunidad Didactalia: materiales didácticos de calidad.

Este recurso fué publicado originalmente en la comunidad Didactalia: material educativo.

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Veröffentlicht am 23.12.2009 von Equipo GNOSS